Ir al contenido principal

Entradas

Destacado

Pantovolva I - Adrogación tenebraria

 En aquel tiempo, el mundo no era sino una llaga húmeda bajo un cielo de ceniza perpetua. Los bosques crecían torcidos, como si sus raíces hubieran absorbido pesadillas en lugar de agua, y las montañas se alzaban no como el orgullo de la tierra, sino como sus vértebras expuestas, negras y agrietadas. Los pueblos, encogidos entre valles angostos o colgados de riscos de piedra, se apiñaban alrededor de templos diminutos donde se adoraba a algo cuyo nombre nadie recordaba, pero cuyo silencio temían. No había mapas que trazaran aquellas regiones, porque los cartógrafos que lo intentaban volvían con los ojos velados de un blanco lechoso, balbuceando palabras que se deshacían en la boca. En ese mundo, lo sobrenatural no era una invasión: era la médula misma de la existencia. Y en ese mundo, el nombre de Voelva Cenogurna se pronunciaba como se pronuncia el crujido de una puerta en una casa vacía: con la certeza de que algo, al otro lado, ha escuchado. Antes de ser el horror con forma de m...

Últimas entradas

Un nuevo comienzo

Poemas dispersos de febrero y marzo

Te invito a pasar